Presionados

Vamos tarde, apretados, justos. No llegamos.

Parece que nos quedan cortas las 24 horas del día para hacer todo lo que tenemos o queremos hacer. 

Y esto cada vez comienza a edades más tempranas, exponiendo a los niños a una agenda apretada de actividades desde la infancia.

A eso se le añade la necesidad de que rinda, sea el más listo, el que tenga mejores notas, sepa más idiomas o haga más deportes.

El psicólogo del deporte José María Buceta relata que hay un número preocupante de adolescentes con unos niveles de estrés exagerados (e incluso en terapia) por las presiones a las que se veían sometidos para competir y obtener resultados “por todos los sacrificios que hacían los padres para que ellos pudieran dedicarse al deporte”.

Es un síntoma muy preocupante del estado de una sociedad siempre ‘on’ e hiperestimulada. Donde los reclamos sobre nuestra atención son constantes e ininterrumpidos y provocan que no desconectemos nunca.

Olvidamos que nuestra relación con el tiempo es una de las cosas que más determinan la calidad de nuestra experiencia de vida. Y que podemos decidir conscientemente cómo queremos que sea esa relación.

Porque da igual quién seas, lo que poseas o donde vivas; tus horas tienen 60 minutos. Por eso importa más el cómo (y con quién) qué el cuánto.

*Mat Brown en Pexels

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