Hablar con los Muertos

Cuando desaparece una persona que queríamos nos damos cuenta de lo que verdaderamente significaba para nosotros. 

Si teníamos un trato íntimo con ella y era importante en nuestra vida, su desaparición nos deja descolocados, como si hubiera un vacío inmenso que nada parece poder llenar. 

Olvidamos que las personas no solo son su cuerpo físico, sino también lo que representan y el papel que tienen para nosotros.

El mayor dolor es la ruptura de la comunicación con la persona que queríamos. No poder expresarle lo que sentimos o lo que significaba para nosotros. 

Pero esa comunicación no tiene por qué cortarse para siempre. Aunque ya nunca tendremos su compañía física, eso no significa que no pueda seguir presente en nuestra vida.

Y no se trata de creer en la vida en el más allá ni en la existencia de espíritus. 

Se trata de poder seguir comunicándonos (y hablando) con su ‘presencia energética’, como si fuese un interlocutor silencioso que tiene todo el tiempo del mundo para escucharnos y prestarnos toda la atención que necesitemos. 

Porque aunque haya que reajustar el tipo de ‘relación’ y seamos bien conscientes de su pérdida, las personas importantes en nuestra vida nunca se van, siempre están.

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