Photoshopeados

¿Alguna vez has metido barriga al posar para una foto? 

¿O tienes un ‘perfil bueno’ y te cambias de posición para salir más favorecido?

Aunque hay personas que disfrutan autocriticándose en público, la mayoría preferimos presentarnos con nuestras mejores galas delante de los demás. Resaltando nuestras partes buenas y escondiendo las menos favorecedoras.

Manipular la impresión que se da a los demás es algo natural e instintivo en todos los animales, que emplean para conquistar pareja o para ahuyentar a los enemigos.

Pero hoy en día los seres humanos lo hemos llevado más lejos manipulándonos unos a otros constante e imperceptiblemente, en un juego social del que no somos totalmente conscientes.

Así creamos una fachada detrás de la que escondemos nuestra verdadera (¿e inconfesable?) identidad. 

Esa máscara nos hace sentir protegidos y pensamos que si nos mostramos tal y como somos seremos más vulnerables a las agresiones (emocionales) de otros. Sin darnos cuenta de que así renunciamos a una gran parte de nosotros mismos.

Y esa renuncia tiene un coste elevado porque llega un momento en que ya no sabemos quienes somos realmente. Porque de tanto escondernos acabamos por ser unos completos desconocidos para nosotros mismos.

La gran ironía es que en el juego de engaños acabamos engañándonos también a nosotros mismos.

¿Pero qué sentido tiene la vida sin el coraje de vivir como verdaderamente somos?

* Imagen PIRO4D

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